La Celestina

La Celestina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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neciesse: maldizen los gallos porque anuncian

el día e el relox porque da tan apriessa. Requie-

ren las cabrillas e el norte, haziéndose estrelleras. Ya

quando veen salir el luzero del alua, quiéreseles salir

el alma: su claridad les escuresce el coraçón. Cami-

no es, hijo, que nunca me harté de andar. Nun-

ca me vi cansada. E avn assí, vieja como soy,

sabe Dios mi buen desseo. ¡Quanto más estas

que hieruen sin fuego! Catiuanse del primer

abraço, ruegan a quien rogó, penan por el pe-

nado, házense sieruas de quien eran señoras,

dexan el mando e son mandadas, rompen pa-

redes, abren ventanas, fingen enfermedades, a

los cherriadores quicios de las puertas hazen

con azeytes vsar su oficio sin ruydo. No te sa-

bré dezir lo mucho que obra en ellas aquel dul-

çor, que les queda de los primeros besos de

quien [139] aman. Son enemigas del medio;

contino están posadas en los estremos.

SEMPRONIO.- No te entiendo essos térmi-

nos, madre.

CELESTINA.- Digo que la muger o ama mu-

cho aquel de quien es requerida o le tiene

grande odio. Assí que, si al querer, despiden,


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