La Celestina
La Celestina menester para compañero! ¡Avn si quisieses
auisar a Celestina en su oficio! Pues quando tú
naciste ya comía yo pan con corteza. ¡Para ada-
lid eres tú bueno, cargado de agüeros e recelo!
[141]
SEMPRONIO.- No te marauilles, madre, de
mi temor, pues es común condición humana
que lo que mucho se dessea jamás se piensa ver
concluydo. Mayormente que en este caso temo
tu pena e mía. Desseo prouecho: querría que
este negocio houiesse buen fin. No porque sa-
liesse mi amo de pena, mas por salir yo de laze-
ría. E assí miro más inconuenientes con mi poca
esperiencia, que no tú como maestra vieja.
ELICIA.- ¡Santiguarme quiero, Sempronio!
¡Quiero hazer vna raya en el agua! ¿Qué noue-
dad es esta, venir oy acá dos vezes?
CELESTINA.- Calla, boua, déxale, que otro
pensamiento traemos en que más nos va. Dime,
¿está [142]desocupada la casa? ¿Fuese la moça,
que esperaua al ministro?
ELICIA.- E avn después vino otra e se fue.
CELESTINA.- Sí, ¿que no embalde?
ELICIA.- No, en buena fe, ni Dios lo quiera.
Que avnque vino tarde, más vale a quien Dios
ayuda, etc.
CELESTINA.- Pues sube presto al sobrado al-