La Celestina
La Celestina dicho te agradezco. Si el hilado es tal, serte ha
bien pagado.
CELESTINA.- ¿Tal, señora? Tal sea mi vida e
mi vejez e la de quien parte quisiere de mi jura.
Delgado como el polo de la cabeça, ygual, rezio
como cuerdas de vihuela, blanco como el copo
de la nieue, hilado todo por estos pulgares, as-
pado e adreçado. Veslo aquí en madexitas. Tres
monedas me dauan ayer por la onça, assí goze
desta alma pecadora. [163]
ALISA.- Hija Melibea, quédese esta muger
honrrada contigo, que ya me parece que es tar-
de para yr a visitar a mi hermana, su muger de
Cremes, que desde ayer no la he visto, e tam-
bién que viene su paje a llamarme, que se les
arrezió desde vn rato acá el mal.
CELESTINA. (Aparte).- Por aquí anda el dia-
blo aparejando oportunidad, arreziando el mal
a la otra. ¡Ea!, buen amigo, ¡tener rezio! Agora es
mi tiempo o nunca. No la dexes, lléuamela de aquí a
quien digo.
ALISA.- ¿Qué dizes, amiga?
CELESTINA.- Señora, que maldito sea el dia-
blo e mi pecado, porque en tal tiempo houo de
crescer el mal de tu hermana, que no haurá
para nuestro negocio oportunidad. ¿E qué mal
es el suyo?