La Celestina
La Celestina MELIBEA.- ¿Por qué dizes, madre, tanto mal
de lo que todo el mundo con tanta eficacia go-
zar e ver dessean?
CELESTINA.- Dessean harto mal para sí, des-
sean harto trabajo. Dessean llegar allá, porque
llegando viuen e el viuir es dulce e viuiendo
enuejescen. Assí que el niño dessea ser moço e
el moço viejo e el viejo, más; avnque con dolor.
Todo por viuir. Porque como dizen, biua la
gallina con su pepita. Pero ¿quién te podría
contar señora, sus daños, sus inconvenientes,
sus fatigas, sus cuydados, sus enfermedades, su
frío, su calor, su descontentamiento, su renzilla,
[166] su pesadumbre, aquel arrugar de cara,
aquel mudar de cabellos su primera e fresca
color, aquel poco oyr, aquel debilitado ver,
puestos los ojos a la sombra, aquel hundimien-
to de boca, aquel caer de dientes, aquel carecer
de fuerça, aquel flaco andar, aquel espacioso
comer? Pues ¡ay, ay, señora!, si lo dicho viene
acompañado de pobreza, allí verás callar todos
los otros trabajos, quando sobra la gana e falta
la prouisión; ¡que jamás sentí peor ahíto, que de
hambre!
MELIBEA.- Bien conozco que dize cada uno
de la feria, segund le va en ella: assí que otra
canción cantarán los ricos.