Ciudadela
Ciudadela Pero te hablaré del fervor. Porque precisarás superar muchos reproches. La mujer, por ejemplo, te reprochará siempre que des a los otros y no exclusivamente a ella. Porque según el hombre, lo que se da en una parte se roba en otra. Asà nos han vuelto el olvido de Dios y el uso de las mercaderÃas. Pues lo que das, en realidad no te disminuye, sino que, bien por el contrario, aumenta tus riquezas por distribuir. De este modo, el que ama a todos los hombres a través de Dios, ama infinitamente más a cada uno de los hombres que el que ama a uno solo y extiende simplemente a su cómplice el campo miserable de su persona. Lo mismo que el que a lo lejos afronta los peligros del alma, da más a la amada de lo que ella supone; porque le da a alguien que es, que no le da el que noche y dÃa la acuna, pero que no existe.
No hagas economÃa aquÃ. Porque no son mercaderÃas las que se ahorran cuando se trata de movimientos del corazón. Porque dar es arrojar un puente sobre el abismo de tu soledad.