Ciudadela
Ciudadela Y cuando das, no te inquietes de saber a quién. Porque se te vendrá a decir: «¡Tal no merece ese don!». Como si se tratara de una mercancÃa. Aquel mismo que no te servirÃa para los dones que le pidieras, puede servirte por los dones que le concederás, porque por su intermedio servirás a Dios. Y lo saben bien aquellos que no experimentan piedad mezquina por los chancros de los lacayos, sino que exponen claramente la vida y se imponen, sin prórroga, cien dÃas de marcha a través de rocas, con el solo fin de curar un chancro al mucamo de ese mucamo. Y sólo se muestran mezquinos y se someten al servilismo del mucamo quienes esperaban algún movimiento de reconocimiento; porque él no tiene bastante carne para arrancarse y pagarte una mirada tuya, pero, a través del depositario, has dado a Dios, y eres tú quien debe prosternarse pues se ha dignado recibir.