Ciudadela

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Cuando el incendio amenaza se usa el contrafuego. He hecho de mis guerreros fieles un círculo de hierro y he aplastado todo lo que he encerrado allí. Generación transitoria, ¿qué importan las hogueras a las que te he reducido? Es preciso salvar el templo de la significación de las cosas. Porque me lo ha enseñado la vida: no hay tortura verdadera en la carne mutilada ni aun en la muerte. Sino que la resonancia aumenta según la envergadura del templo que da su sentido a los actos de los hombres. Y aquél que ha sido formado fiel al imperio, si lo mantienes fuera del imperio en la prisión de su destierro, lo ves desgarrarse en los barrotes y rehusarse beber, pues su lenguaje no tiene ya sentido. ¿Y quién, si no, lo desgarraría? Y sientes que el que ha sido forjado según la moral de la familia, si su hijo ha caído en el torrente y tú lo retienes sobre la ribera, se retuerce en tus brazos para escaparse y aulla y quiere arrojarse en el remolino, pues su lenguaje no tiene sentido ya. Pero a ese primero, lo ves enorgullecido y majestuoso el día de la fiesta del imperio, y al segundo, lo ves resplandecer el día de la fiesta del hijo. Y lo que causa tus sufrimientos más graves es lo mismo que te aporta tus alegrías más altas. Porque sufrimientos y alegrías son frutos de tus lazos, y tus lazos estructuras que te he impuesto. Y yo quiero salvar a los hombres y obligarlos a existir, aun cuando los conmueva con lo que les hace sufrir, la prisión que los separa de su familia o el destierro que los separa del imperio; porque si me reprochas ese sufrimiento a causa de tu gusto por la familia o el imperio, te responderé que tu diligencia es absurda puesto que precisamente salvo lo que te hace ser.


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