Ciudadela
Ciudadela Y si he decidido la paz para salvar del saqueo total alguna cosa de los mismos graneros, antes que el fuego lo haya destruido todo y que no exista más problema de paz o de guerra, sino el sueño de los muertos, como los menos prevenidos contra el enemigo que se habrán lanzado hacia adelante para firmarla, te hablarán de la belleza de esas leyes y de la justicia de esas decisiones. Y éstos también creerán en lo que dicen. Pero se trataba de una cosa muy diferente.
Si rehúso alguna cosa es la que rehusase todo lo que la rehusara. Si acepto alguna cosa es la que aceptase todo lo que la aceptara.
Pues el imperio es algo poderoso y pesado, que no se conduce con un viento de palabras. Esta noche, desde lo alto de mi terraza, considero esta tierra negra donde están esos millares de millares que duermen o velan, dichosos o desdichados, satisfechos o insatisfechos, confiados o desesperados. Y se me hace, ante todo, evidente que el imperio no tenÃa voz porque es un enorme gigante sin lenguaje. ¿Y cómo haré para transportar en ti al imperio con sus deseos, sus fervores, sus cansancios, sus reclamos, si no sé ni siquiera encontrar las palabras que transportarÃan la montaña hasta ti, que no has conocido nunca más que el mar?