Ciudadela
Ciudadela Estuvimos pronto a la vista de la ciudad. Pero nada descubrimos sino murallas rojas de una altura inusitada y que mostraban al desierto una especie de reverso desdeñoso, despojadas de ornamentos, de salidas, de almenas, y concebidas con toda evidencia para no ser miradas desde afuera.
Cuando miras a una ciudad ella te mira. Levanta contra ti sus torres. Te observa detrás de sus almenas. Te abre o te cierra las puertas. O bien desea ser amada o sonreírte y vuelve en tu dirección los adornos de su rostro. Siempre que tomábamos una ciudad nos parecía, tan bien construidas estaban en vista al visitante, que se nos entregaba. Puertas monumentales y avenidas reales, ya seas caminante o conquistador, eres siempre recibido como un príncipe.
Pero el malestar se apoderó de mis hombres cuando las murallas, poco a poco aumentadas al aproximarnos, nos parecieron tan visiblemente volvernos la espalda con una calma de acantilado; como si nada existiese fuera de la ciudad.