Ciudadela
Ciudadela Así, pues, después de amontonar las provisiones, de clavar las cajas, de anudar las bolsas, pasabas, regio, entre los animales, halagando a uno, fustigando a otro, ayudándote con la rodilla para ajustar un poco una correa de cuero, y enorgulleciéndote, alzado ya el cargamento, al no verlo deslizarse ni hacia la derecha ni hacia la izquierda, pues sabes que los animales al mecértelo duramente en el rolar de su andar y los tropiezos entre las piedras y el arrodillarse en los altos, te lo mantendrán, sin embargo, suspendido en un equilibrio elástico, a la manera del naranjo que mece al viento, sin amenazarla, su carga de naranjas.