El Principito
El Principito —No hay nada que comprender —dijo el farolero—. La consigna es la consigna. ¡Buenos dÃas!
Y apagó su farol.
Luego se enjugó la frente con un pañuelo de cuadros rojos.
—Mi trabajo es algo terrible. En otros tiempos era razonable; apagaba el farol por la mañana y lo encendÃa por la tarde. TenÃa el resto del dÃa para reposar y el resto de la noche para dormir.
—¿Y luego cambiaron la consigna?
—Ése es el drama, que la consigna no ha cambiado —dijo el farolero—. El planeta gira cada vez más deprisa de año en año y la consigna sigue siendo la misma.
—¿Y entonces? —dijo el principito.
—Como el planeta da ahora una vuelta completa cada minuto, yo no tengo un segundo de reposo. Enciendo y apago una vez por minuto.
—¡Eso es raro! ¡Los dÃas sólo duran en tu tierra un minuto!
—Esto no tiene nada de divertido —dijo el farolero—. Hace ya un mes que tú y yo estamos hablando.
—¿Un mes?
—SÃ, treinta minutos. ¡Treinta dÃas! ¡Buenas noches!
Y volvió a encender su farol.