El Principito
El Principito —Ya sabes… el bozal para mi cordero… soy responsable de mi flor.
Saqué del bolsillo mis esbozos de dibujo. El principito los miró y dijo riendo:
—Tus baobabs parecen repollos…
¡Oh! ¡Y yo que estaba tan orgulloso de mis baobabs!
—Tu zorro tiene orejas que parecen cuernos; son demasiado largas.
Y volvió a reír.
—Eres injusto, muchachito; yo no sabía dibujar más que boas cerradas y boas abiertas.
—¡Oh, todo se arreglará! —dijo el principito—. Los niños entienden.
Bosquejé, pues, un bozal y se lo alargué con el corazón oprimido:
—Tú tienes proyectos que yo ignoro…
Pero no me respondió.
—¿Sabes? —me dijo—. Mañana hace un año de mi caída en la Tierra…
Y después de un silencio, añadió:
—Caí muy cerca de aquí…
El principito se sonrojó y nuevamente, sin comprender por qué, experimenté una extraña tristeza.
Sin embargo, se me ocurrió preguntar: