El Principito
El Principito —Entonces no te encontré por azar hace ocho dÃas, cuando paseabas por estos lugares, a mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. ¿Es que volvÃas al punto de tu caÃda?
El principito enrojeció nuevamente.
Y añadà vacilante.
—¿Quizás por el aniversario?
El principito se ruborizó una vez más. Aunque nunca respondÃa a las preguntas, su rubor significaba una respuesta afirmativa.
—¡Ah! —le dije—. Tengo miedo.
Pero él me respondió:
—Tú debes trabajar ahora; vuelve, pues, junto a tu máquina, que yo te espero aquÃ. Vuelve mañana por la tarde.
Pero yo no estaba tranquilo y me acordaba del zorro. Si se deja uno domesticar, se expone a llorar un poco…