Piloto de guerra
Piloto de guerra Hay que juzgar a Francia por su aceptación del sacrificio. Francia ha aceptado la guerra contra la verdad de los lógicos. Nos decían: «Hay ochenta millones de alemanes. No podemos hacer en un año los cuarenta millones de franceses que nos faltan. No podemos transformar nuestra tierra de trigo en tierra de carbón. No podemos esperar la ayuda de los Estados Unidos. ¿Por qué los alemanes, al reclamar Dantzig nos impondrían el deber, no de salvar a Dantzig, esto es imposible, sino de suicidarnos para evitarnos la vergüenza? ¿Qué vergüenza cabe en poseer una tierrra que da más trigo que máquinas y en ser uno contra dos? ¿Por qué la vergüenza tiene que pesar sobre nosotros y no sobre el mundo?». Tenían razón. Guerra, para nosotros, significaba desastre. Pero ¿era preciso, para que Francia se ahorrara una derrota, que rechazara la guerra? No lo creo, Francia, instintivamente, opinaba lo mismo, puesto que semejantes advertencias no la han alejado de esta guerra. El Espíritu en nosotros ha dominado a la inteligencia.
La vida destruye siempre las fórmulas. La derrota puede, en ocasiones, revelarse como el único camino hacia la resurrección, a pesar de sus fealdades. Yo bien sé que para crear un árbol se condena un grano a pudrirse. El primer acto de resistencia, si llega demasiado tarde, es siempre perdedor. Pero es el despertar de una resistencia. Tal vez un árbol saldrá de él como de un grano.