Piloto de guerra

Piloto de guerra

XIX

—Ciento setenta y dos.

—Comprendido. Ciento setenta y dos.

Va por los ciento setenta y dos. Epitafio: «Han mantenido correctamente su brújula en los ciento setenta y dos». ¿Cuánto tiempo se podrá sostener este extraño desafío? Navego a setecientos cincuenta metros de altitud bajo un techo de pesadas nubes. Si me elevara treinta metros más, Dutertre enceguecería. Hemos de permanecer bien visibles, ofreciendo así al tiro alemán un blanco para colegiales. Setecientos metros es una altitud prohibitiva. Se sirve de punto de mira a toda una llanura. Dirigiendo el tiro de todo un ejército. Siendo accesible a todos los calibres. Permaneciendo durante una eternidad en el campo de tiro de cada una de las armas. No se trata ya de tiro sino de bastón. Es como si uno desafiara a miles de bastones a que hicieran caer una nuez.

Yo he estudiado bien el problema: no es una cuestión de paracaídas. Cuando el avión averiado se precipite a tierra, la abertura de la trampa de salida exigirá para ella sola más segundos que los que concede la caída. Esta abertura obliga a dar siete vueltas a una manivela que se resiste. Además, en plena velocidad, la trampa se deforma y no corre.


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