Piloto de guerra
Piloto de guerra SÃ, muy lejos, hacia adelante. Pero Arras no es una ciudad. Arras no es más que una mecha roja sobre un fondo azul nocturno. Sobre fondo de tormenta. Pues, decididamente, a la izquierda y enfrente, se prepara una famosa tormenta. El crepúsculo no es suficiente excusa para esta media luz. Hacen falta macizos de nubes para filtrar una luz tan sombrÃa…
La llamarada de Arras ha aumentado. No es la llamarada de un incendio. Un incendio crece como un tumor, con un simple reborde de carne viva alrededor. Pero esta mecha roja, alimentada permanentemente, es la de una lámpara que ahumara un poco. Es una llama sin nerviosismo, con duración asegurada, bien instalada en su provisión de aceite. La siento amasada con una carne compacta, casi pesada, que el viento mueve algunas veces como inclinarÃa un árbol. He aquà un árbol. Este árbol ha enredado a Arras en la red de sus raÃces. Y todos los jugos de Arras, todas las provisiones de Arras, todos los tesoros de Arras, suben, convertidos en savia para alimentar el árbol.