Piloto de guerra
Piloto de guerra ¿Cómo no me iba a confundir un cierto recibimiento, puesto que todo se hacía íntimo y campechano, puesto que las pizarras húmedas y las tejas brillaban tan graciosamente, puesto que nada cambiaba de un minuto al otro, ni parecía tener que cambiar? Puesto que ya no éramos, Dutertre, el ametrallador y yo, más que tres paseantes que, a campo traviesa, regresan lentamente sin tener que levantarse demasiado el cuello, ya que apenas llueve. Puesto que en el corazón mismo de las líneas alemanas nada se veía que mereciera realmente ser contado y no había ninguna razón absoluta para que, más allá, la guerra cambiara. Puesto que hacía el efecto que el enemigo se hubiera dispersado y como fundido en la inmensidad de los campos, a razón tal vez de un soldado por casa, de un soldado tal vez por árbol, entre los cuales uno de vez en cuando, acordándose de la guerra, disparaba. Le habían machacado la consigna: «Tirarás a los aviones». En sus sueños la consigna se confundía. Largaba sus tres balas sin gran fe. Así he cazado yo patos, por la noche, sin darles demasiada importancia, cuando el paseo era un poco romántico. Les tiraba mientras charlaba de otra cosa; y no les molestaba demasiado…