Piloto de guerra
Piloto de guerra Cada ráfaga de ametralladora o de cañón de tiro rápido, lanza por centenares obuses, o balas fosforescentes que se suceden como las perlas de un rosario. Mil rosarios elásticos se tienden en nuestra dirección, se estiran hasta romperse y estallan a nuestra altura.
En efecto, mirados al través los proyectiles que no nos han tocado, muestran, en su paso por la tangente, una velocidad vertiginosa. Las lágrimas se convierten en relámpagos. Y he aquà que me veo de pronto sumergido en una cosecha de trayectorias que tienen el color de los tallos del trigo. Heme aquà centro de un espeso zarzal de lanzazos. Heme aquà amenazado por no sé qué vertiginosa labor de agujas. Toda la llanura se ha unido a mà y teje en torno mÃo una red fulgurante de hilos de oro.
¡Ah! Cuando me inclino hacia la tierra, veo estas capas de burbujas luminosas que ascienden con una lentitud de velos de neblina. Descubro este lento torbellino de simientes: ¡asà vuela la cascarilla del trigo que se trilla! ¡Pero si miro por la horizontal, ya no veo más que gavillas de lanzas! ¿Tiro? ¡Pero no! ¡Me atacan con arma blanca! ¡No veo más que espadas de luz! Me siento… ¡No se trata de peligro! ¡Me deslumbra el lujo en que estoy sumido!
-¡Ah!