Piloto de guerra
Piloto de guerra Me siento despegado de mi asiento veinte centÃmetros. Ha sido como una cornada de morueco contra el avión. Se ha roto, pulverizado… pero no… pero no… lo noto que responde aún a los comandos. No es más que el primer golpe de un diluvio de golpes. Sin embargo, no he observado explosiones. El humo de los estallidos se confunde sin duda con el sombrÃo suelo: levanto la cabeza y miro.
¡Este espectáculo es único!