Piloto de guerra
Piloto de guerra Levanto la cabeza hacia el cielo para medir la distancia de las nubes. Evidentemente cuanto más observo en sentido oblicuo más los copos negros me parecen amontonados unos sobre otros. Por la vertical parecen menos densos. Es por lo que descubro, engastada sobre nuestras frentes, esta diadema monumental con florones negros.
Los músculos de los muslos tienen una fuerza sorprendente. Apoyo de golpe sobre el balancÃn como si desfondara una pared. He lanzado el avión de costado. Se inclina brutalmente hacia la izquierda, con vibraciones crujientes. La diadema se ha resbalado hacia la derecha. La he hecho oscilar de sobre mi cabeza. He oÃdo el tiro que golpea en otro lado. Veo cómo se acumulan también hacia la derecha inútiles paquetes de explosivos. Pero antes de haber iniciado con la otra pierna el movimiento contrario, ya la diadema se ha vuelto a restablecer sobre mi cabeza. Los de abajo la han reinstalado. El avión dando quejidos se desploma de nuevo en unos pozos. Pero todo el peso de mi cuerpo ha aplastado por segunda vez el balancÃn. He lanzado el avión en viraje contrario, o más exactamente en patinada contraria (¡al diablo los virajes correctos!), y la diadema oscila hacia la derecha.