Piloto de guerra
Piloto de guerra ¡He cambiado mucho! Estos dÃas, Comandante Alias, yo estaba amargado. Estos dÃas, mientras la invasión blindada no encontraba más que el caos, las misiones sacrificadas han costado al Grupo 2/33 diecisiete equipos de los veintitrés. Todos, usted el primero, nos conformábamos, yo creo, con jugar a los muertos por la necesidad de figurar. ¡Ah, comandante Alias, yo estaba amargado y me equivocaba!
Nos asÃamos todos, usted el primero, a la letra de un deber cuyo espÃritu estaba oscurecido. Usted nos empujaba instintivamente, no ya a vencer, que era imposible, sino a llegar a ser. Usted sabÃa, como nosotros, que los informes adquiridos no serÃan transmitidos a nadie. Pero salvaba unos ritos cuyo poder estaba oculto. Nos interrogaba usted gravemente, como si nuestras respuestas pudieran servir de algo, sobre los parques de tanques, las chalanas, los camiones, las estaciones, los trenes en las estaciones. Incluso me parecÃa usted de una desesperante mala fe:
—¡SÃ! ¡SÃ! Se observa muy bien desde el sitio del piloto.
Sin embargo usted tenÃa razón, comandante Alias.
