Piloto de guerra
Piloto de guerra La noche, que se forma, apriscará esta muchedumbre desordenada en un establo de desventura. El rebaño se amontona. ¿Hacia qué clamarÃan? Pero nos es dado correr hacia los camaradas y me parece que nos precipitamos hacia una fiesta. De este modo una simple cabaña, si está iluminada en la lejanÃa, convierte la más dura noche de invierno en noche de Navidad. Allá abajo, adonde vamos, seremos recogidos. Allà abajo, adonde vamos, comulgaremos con el pan de la noche.
Basta por hoy de aventura: soy feliz y estoy cansado. Abandonaré al mecánico el avión adornado con unos agujeros. Me despojaré de mi pesada indumentaria de vuelo y, como es demasiado tarde para jugar una copa contra Pénicot, me sentaré sencillamente para la comida entre los camaradas…
Estamos retrasados. Aquellos de entre los camaradas que llegan tarde no vuelven más. ¿Están retrasados? ¿Es demasiado tarde? ¡Peor para ellos! La noche los columpia hacia la eternidad. A la hora de comer, el Grupo cuenta sus muertos.
Los desaparecidos se embellecen a través del recuerdo. Se les viste para siempre con su sonrisa más diáfana. Renunciaremos a esta ventaja. Surgiremos en fraude, a la manera de los ángeles malos y de los cazadores furtivos. El Comandante engullirá su bocado de pan. Nos mirará. Tal vez diga: «¡Ah!… están aquÃ…» Los camaradas se callarán. Nos mirarán apenas.