Piloto de guerra
Piloto de guerra Yo no puedo dejar de oponer estos dos universos. El universo del avión y el de la tierra. Acabo de arrastrar a Dutertre y a mi ametrallador más allá de los lÃmites permitidos. Hemos visto a Francia arder. Hemos visto brillar el mar. Hemos envejecido en alta altitud. Nos hemos inclinado hacia una tierra lejana, como sobre las vitrinas de un museo. Hemos jugado en el sol con el polvo de los cazas enemigos. Luego hemos vuelto a bajar. Nos hemos arrojado en el incendio. Lo hemos sacrificado todo. Y ahà hemos aprendido más sobre nosotros, que en diez años de meditación. Hemos salido al fin de estos diez años de monasterio… Y he aquà que por este camino sobre el cual volábamos tal vez para subir a Arras, la caravana, cuando volvemos a encontrarla, ha progresado más de quinientos metros.
En el tiempo que ellos empleen en llevar hasta la zanja un coche averiado, en cambiar una rueda, en tamborilear inmóviles en el volante para dejar que un camino transversal liquide sus propias pavesas, habremos nosotros recobrado nuestra escala.
Cabalgamos sobre la derrota, sobre toda ella. Semejantes a esos peregrinos a quienes el desierto no atormenta, aunque en él sufran, pues ya su corazón está en la ciudad santa.