Piloto de guerra
Piloto de guerra Comprendo, en fin, por qué el amor de Dios ha hecho a los hombres responsables unos de otros y les ha impuesto la Esperanza como una virtud. Puesto que, de cada uno de ellos, hacía el Embajador del mismo Dios, en las manos de cada uno reposaba la salud de todos. Nadie tenía derecho a desesperar, puesto que era mensajero de alguien más grande que él. La desesperación significaba negación de Dios en sí mismo. El deber de la Esperanza hubiera podido traducirse por: «¿Te crees tan importante? ¡Qué fatuidad en tu desesperación!».
Mi civilización, heredera de Dios, ha hecho a cada uno responsable de todos los hombres y a todos los hombres responsables de cada uno. Un individuo debe sacrificarse por el salvamento de una colectividad, pero no se trata aquí de una aritmética imbécil. Se trata del respeto del Hombre a través del individuo. En efecto, la Grandeza de mi civilización, estriba en que cien mineros deben arriesgar su vida para el salvamento de un solo minero enterrado. Salvan al Hombre.
Comprendo, claramente, a esta luz, el significado de la libertad. Es libertad de crecimiento de un árbol en el área de fuerza de su simiente. Es clima de la ascensión del Hombre. Es semejante a un viento favorable. Sólo por la gracia del viento, los veleros están libres, en el mar.