Piloto de guerra
Piloto de guerra Ninguna explicación verbal reemplaza nunca a la contemplación. La unidad del Ser no es transportable por medio de palabras. Si yo deseara enseñar a unos hombres, cuya civilización lo ignorase, el amor de una patria o de un dominio, no dispondrÃa de ningún argumento para conmoverlos. Son unos campos, unos pastos y un ganado los que componen un dominio. Cada uno y todos juntos tienen por misión enriquecer. Existe, sin embargo, en el dominio, algo que escapa al análisis de los materiales, puesto que hay propietarios que, por amor a su dominio, se arruinarÃan para salvarlo. Es, por el contrario, este «algo» lo que ennoblece con una calidad particular los materiales. Pasan a ser ganado de un dominio, praderas de un dominio, campos de un dominio…
Asà se convierte uno en el hombre de una patria, de un oficio, de una civilización, de una religión. Pero, para considerarse uno de estos Seres, antes hay que fundarlo dentro de sÃ. Y en donde no existe el sentimiento de la patria, ningún lenguaje lo transportará. No se funda dentro de uno el Ser que uno declara ser, más que por medio de actos. Un Ser no es del imperio del lenguaje sino de los actos. Nuestro Humanismo ha descuidado los actos. Ha fracasado en su tentativa.
El acto esencial ha recibido aquà un nombre. Es el sacrificio.