Piloto de guerra
Piloto de guerra En lugar de afirmar los derechos del Hombre a travĂ©s de los individuos, hemos empezado a hablar de los derechos de la Colectividad. Hemos visto cĂłmo se introducĂa insensiblemente una moral de lo Colectivo que descuida al Hombre. Esta moral explicarĂĄ claramente por quĂ© el individuo se debe a sĂ mismo el sacrificarse a la Comunidad. No explicarĂĄ ya, sin artificios de lenguaje, por quĂ© una Comunidad se debe a sĂ misma el sacrificarse por un solo hombre. Por quĂ© es equitativo que mil mueran para librar a uno solo de la prisiĂłn de la injusticia. Nos acordamos de ello todavĂa, pero lo vamos olvidando poco a poco. Y sin embargo, en este principio, que nos diferencia tan claramente del hormiguero, es donde reside, ante todo, nuestra grandeza.
Hemos resbalado âa falta de un mĂ©todo eficazâ, de la Humanidad que reposaba en el Hombre hacia este hormiguero, que reposa en la suma de individuos.
ÂżQuĂ© podĂamos oponer a las religiones del Estado o de la Masa? ÂżAdĂłnde habĂa ido a parar nuestra gran imagen del Hombre nacido de Dios? Apenas si se reconocĂa aĂșn a travĂ©s de un vocabulario que se habĂa vaciado de su substancia.