Piloto de guerra
Piloto de guerra Pero, por encima de todo, nuestra caridad mal entendida, se revolvÃa contra su objetivo. Exclusivamente fundada en movimientos de piedad hacia los individuos, nos hubiera imposibilitado de emplear cualquier castigo educativo. Mientras que la verdadera Caridad, como ejercicio de un culto rendido al Hombre, más allá del individuo, imponÃa combatir al individuo para engrandecer al Hombre.
Asà hemos perdido al Hombre. Y perdiendo al Hombre, hemos enfriado esta misma fraternidad que nuestra civilización nos predicaba —puesto que se es hermano en algo y no solamente hermano. La repartición no asegura la fraternidad. Se anuda sólo en el sacrificio. Se anuda en el don común a algo más vasto que uno mismo. Pero confundiendo con una disminución estéril esta raÃz de toda existencia verdadera, hemos reducido nuestra fraternidad a nada más que una tolerancia mutua.