Piloto de guerra
Piloto de guerra La angustia proviene de la pérdida de una identidad verdadera. Si yo espero un mensaje del que depende mi felicidad o mi desesperación, me encuentro como lanzado en la nada. Mientras la incertidumbre me mantiene en suspenso, mis sentimientos y mis actitudes no son más que un disfraz provisorio. El tiempo cesa de crear, segundo por segundo, como construye el árbol, el personaje verdadero que habitará en mà dentro de una hora. Este yo desconocido, marcha a mi encuentro desde el exterior como un fantasma. Entonces experimento una sensación de angustia. La mala noticia provoca, no la angustia, sino el sufrimiento: es completamente otra cosa.
Y he aquà que el tiempo ha cesado de correr en el vacÃo. Por fin estoy instalado en mi función. Ya no me proyecto en un porvenir sin rostro. Ya no soy aquél que tal vez clavará una barrena en el torbellino del incendio. El porvenir ya no me obsesiona como si fuera una aparición extraña. En adelante, mis actos, uno tras otro, lo componen. Soy el que controla el compás para mantener los 313o. Quien reglamenta el paso de las hélices y la calefacción del aceite. Son preocupaciones inmediatas y sanas. Son las preocupaciones caseras, las pequeñas obligaciones del dÃa que libran de sentirse envejecer. La jornada se convierte en casa bien lustrada, tabla bien bruñida, oxÃgeno bien distribuido. Controlo en efecto el oxÃgeno pues subimos aprisa: seis mil setecientos metros.
