Piloto de guerra
Piloto de guerra Lo estoy viendo acostado en su cama del hospital. La parte trasera del avión le enganchó la rodilla y se la rompió mientras saltaba con el paracaídas. Pero Sagon no sintió el choque. Su cara y sus manos están heridas de bastante gravedad, pero después de todo no ha sufrido nada que sea alarmante. Nos explica lentamente su historia, con una voz cualquiera, como un informe de algo desagradable.
—… He comprendido que tiraban al sentirme envuelto en balas luminosas. Mi tablero de a bordo estalló. Luego vi un poco de humo, ¡oh, no mucho!, que parecía venir de la parte delantera del avión. Pensé que era… usted sabe que allí hay una tubería de conjugación… ¡Oh, no ardía mucho!…
Sagon hace un gesto. Pesa el asunto. Estima importante decirnos si ardía mucho o no ardía mucho. Vacila:
—Sin embargo, era fuego… Entonces les dije que saltaran…
¡Pues el fuego en diez segundos convierte un avión en antorcha!
—Abrí entonces mi trampa de salida. Hice mal. Hubo succión de aire… el fuego… me molestó.
Un horno de locomotora te escupe en el vientre un torrente de llamas a siete mil metros de altura y ¡te molesta! No traicionaré a Sagon exaltando su heroísmo o su pudor. Diría: «¡Sí!, ¡sí! Me molestó…». Por otra parte, hace todo lo que puede por ser exacto.
