Piloto de guerra
Piloto de guerra —Si hubiera sabido… hubiera podido volver a bordo… Tampoco ardÃa tanto. Me quedé asà mucho tiempo sobre el ala… habÃa, antes de dejar la carlinga, dirigido el avión hacia arriba. Encabritado. El vuelo era correcto, la respiración soportable y yo me sentÃa cómodo. ¡Oh! sÃ, me quedé mucho rato sobre el ala… No sabÃa qué hacer…
No es que se le plantearan a Sagon problemas inextricables: se creÃa solo a bordo, el avión ardÃa y los cazas pasaban y repasaban salpicándole con sus proyectiles. Lo que querÃa decirnos Sagon es que no experimentaba ningún deseo. No deseaba nada. DisponÃa de todo el tiempo. SentÃa un infinito agrado. Y punto por punto yo reconocÃa esa extraña sensación que acompaña a veces la inminencia de la muerte, un bienestar inesperado… ¡Qué bien desmentida queda por la realidad esa imaginerÃa de la jadeante precipitación! ¡Sagon se quedaba allà sobre su ala, como lanzado fuera del tiempo!
—Y luego salté —dijo—, pero salté mal. Me vi revolotear. TemÃ, abriéndolo demasiado pronto, enredarme en mi paracaÃdas. Esperé a estar estabilizado. Y esperé mucho tiempo…