Piloto de guerra
Piloto de guerra O bien me parecĂa estar defendido por mi fuego benigno, como por un perro de pastor, activo, fiel y diligente, y que hacĂa bien su trabajo. Yo sentĂa, contemplĂĄndolo, un sordo jĂșbilo. Y, cuando la fiesta estaba en su apogeo con aquella danza de sombras en el techo y aquella mĂșsica caliente y dorada, y ya, en los rincones, aquellas construcciones de ascuas; cuando mi cuarto se habĂa impregnado bien de aquel olor mĂĄgico de humo y de resina, yo saltaba de un amigo al otro, corrĂa de mi cama a mi fuego, iba hacia el mĂĄs generoso y no sĂ© si me asaba el vientre o me calentaba el corazĂłn. Entre dos tentaciones, cobardemente, habĂa cedido a la mĂĄs fuerte, a la mĂĄs rutilante, a la que con su charanga y sus relĂĄmpagos conseguĂa hacer mejor su publicidad.
AsĂ tenĂa que encender en tres veces el fuego, volverme a acostar, y recolectar la cosecha de llamas; las tres veces, crujiĂ©ndome los dientes, atravesaba las estepas vacĂas y heladas de mi cuarto, trabando conocimiento con las expediciones polares. HabĂa marchado a travĂ©s del desierto hacĂa una escala feliz y encontraba mi recompensa en ese gran fuego, que danzaba ante mĂ, para mĂ, su danza de perro de pastor.