Piloto de guerra
Piloto de guerra Pero ya no hay fuego para hacerme creer en la ternura. Ya no hay cuarto helado para hacerme creer en la aventura. Me despierto del sueño. Ya no hay más que un vacÃo absoluto. Ya no hay más que una extremada vejez. Ya no hay más que una voz que me dice, es la de Dutertre, obstinada en su deseo quimérico: «Un poco de pie a la izquierda, mi Capitán…».