Piloto de guerra
Piloto de guerra Hago correctamente mi trabajo. Lo cual no obsta para que yo pertenezca a un equipo en derrota. Estoy sumergido en la derrota. La derrota rezuma por todas partes, y en mi misma mano tengo la señal de ello.
Las llaves del gas están congeladas. Estoy condenado a volver a toda velocidad. Y he aquà que mis dos trozos de hierro viejo me plantean problemas inextricables.
En el avión que yo piloteo, el aumento del paso de mis hélices está limitado demasiado bajo. No puedo pretender, si pico en pleno vuelo, evitar una velocidad de casi ochocientos kilómetros por hora y el recalentamiento del motor lleva consigo algunos riesgos de ruptura.
Me serÃa posible, en rigor, cerrar los contactos. Pero esto me condenarÃa a una averÃa definitiva. Esta averÃa llevarÃa consigo el fracaso de la misión y la pérdida eventual del avión. No todos los terrenos son favorables al aterrizaje de un aparato que toma contacto con el suelo a ciento ochenta kilómetros por hora.
Es pues esencial que descongele las manijas. Con un primer esfuerzo lo consigo en la de la izquierda. Pero la de la derecha se resiste siempre.
