Tierra de hombres
Tierra de hombres Durante seis meses habÃa vivido esperando ese momento. HacÃa un mes que se lustraban las armas, que se adecentaba el puesto, del sótano al desván, y ya, desde hacÃa unos dÃas, sintiendo la cercanÃa del dÃa señalado, desde lo alto e la terraza oteaban el horizonte, incansablemente, para descubrir el polvo en el que envolverá, cuando aparezca, el pelotón móvil de Atar…
Pero falta el vino: no se puede celebrar la fiesta. No se puede brindar. Uno se siente deshonrado…
—Tengo prisa por que vuelva. Le espero…
—¿Dónde está sargento?
Y el sargento, señalando las arenas:
—No se sabe, ¡ese capitán está en todas partes!
También fue real la noche pasada en la terraza del fortÃn, hablando de las estrellas. No habÃa otra cosa que vigilar. Estaban allà al completo, como en el avión, pero estables.