Tierra de hombres
Tierra de hombres Sin embargo, la historia de El Mammoun era la misma que la de muchos otros jefes árabes. Se estaba haciendo viejo. Y cuando uno se hace viejo, medita. AsĂ que, una noche, se dio cuenta de que habĂa traicionado al Dios del Islam y de que se habĂa manchado las manos al sellar, en manos de los cristianos, un intercambio en el que Ă©l lo perdĂa todo.
Y; en efecto, ÂżquĂ© le importaban a Ă©l la cebada y la paz? Guerrero venido a menos y convertido en pastor, recuerda haber habitado un Sáhara en el que cada pliegue de la arena, al ocultarla, era rica en amenazas; en el que el campamento destacado en la noche apostaba vigĂas en sus extremos; en el que las noticias, que hablaban de los movimientos de los enemigos, hacĂan palpitar los corazones alrededor de las hogueras nocturnas. Recuerda un gusto de alta mar que, una vez saboreado por el hombre, ya no se olvida jamás.
Actualmente, vaga errante, sin gloria, por una extensiĂłn pacificada, vacĂa de todo prestigio.
Actualmente, el Sáhara ya sólo es un desierto.
Tal vez venera a los oficiales que asesinará, pero primero está el amor de Alá.
—Buenas noches, El Mammoun.
—¡Qué Dios te proteja!