Tierra de hombres
Tierra de hombres Los depósitos de gasolina, los depósitos de aceite están destrozados. Nuestras reservas de agua también. La arena se lo ha bebido todo. Encontramos medio litro de café en el fondo de un termo pulverizado, un cuarto de vino blanco dentro de otro. Filtramos esos lÃquidos y los mezclamos.
También quedan unas cuantas uvas y una naranja. Calculo: «En cinco horas de marcha, bajo el sol, en el desierto esto se acaba…».
Nos instalamos en la cabina a esperar la luz del dÃa. Me tumbo, voy a dormir. Mientras me duermo hago balance de nuestra aventura: lo ignoramos todo acerca de nuestra posición, no tenemos ni un litro de lÃquido. Si no nos hemos desviado mucho, tardarán, en el mejor de los casos, ocho dÃas en encontrarnos, y será demasiado tarde. Si hemos derivado hacia un lado, tardarán seis meses. No hay que contar con los aviones: nos buscarán en un radio de tres mil kilómetros.
—¡Ah! ¡Qué lástima! —Dice Prévot.
—¿Por qué?
—¡Todo hubiera podido acabar de una vez…!