Tierra de hombres
Tierra de hombres Pero no hay que rendirse tan pronto. Prévot y yo nos rehacemos. No hay que perder la esperanza, por muy débil que sea, de un rescate milagroso desde el aire. Tampoco tenemos que permanecer en el mismo sitio, desaprovechando, tal vez, un oasis cercano. Hoy caminaremos durante todo el día y regresaremos a nuestro aparato. Antes de partir dejaremos escrito en mayúsculas nuestro programa la arena.
Así pues, me hago un ovillo; voy a dormir hasta el alba. Me siento muy feliz de poder dormirme.
La fatiga me envuelve con una múltiple presencia. No estoy solo en el desierto, mi duermevela está poblado de voces, de recuerdos, de confidencia susurradas. Todavía no tengo sed, me encuentro bien, me aventuro a dormir. La realidad pierde terreno frente a los sueños…
¡Ah! ¡Qué diferencia cuando llegó el día!