Tierra de hombres
Tierra de hombres —Esos dominicos estudiosos tienen una hermosa y fresca cocina con baldosas rojas y, en el patio, una maravillosa bomba oxidada. Debajo de la bomba oxidada, debajo de la bomba oxidada, ya lo habéis adivinado… Debajo de la bomba oxidada está… ¡El pozo permanente! ¡Ah! Será una un gran acontecimiento cuando llegué allà y llame a la puerta, cuando tire de la gran campana…
—Imbécil, estás describiendo una casa de Provenza donde, además, no hay campana.
—¡Cuando tire de la gran campana! El portero elevará los brazos al cielo y me gritará: «¡Sois un enviado del Señor!», y llamará a todos los monjes. Y acudirán corriendo. Y me festejarán como a un niño pobre. Y me empujarán hacia la cocina. Y me dirán: «Un segundo, un segundo hijo mÃo… Vamos corriendo al pozo permanente…».
Y yo, yo me estremeceré de felicidad…
No, no quiero llorar porque ya no esté la cruz en la colina.
Las promesas del Oeste no son más que mentiras. H virado directo al Norte.
El norte, al menos, está henchido de cantos del mar.
¡Ah! Una vez franqueada esta cresta, se extiende el horizonte. He aquà la más bella ciudad del mundo.
—Sabes muy bien que es un espejismo…