Tierra de hombres
Tierra de hombres Ayer caminaba sin esperanza. Hoy estas palabras han perdido su sentido. Hoy andamos por andar. Como seguro que lo hacen los bueyes en su labor. Ayer soñaba con paraísos de naranjos.
Hoy ya no hay paraísos para mí. Tampoco creo en la existencia de los naranjos.
Ya no siento nada en mí, sólo una gran aridez en el corazón. Me voy a caer y no estoy desesperado. Ni siquiera siento pena. Lo lamento: para mí la pena sería dulce como el agua. Uno se compadece y se queja con un amigo, pero ya no tengo amigos en el mundo.
Cuando me encuentren, con los ojos abrasados, pensarán que he sufrido mucho. Sin embargo los anhelos, las penas, los dulces sufrimientos, siguen siendo riquezas, y yo ya no poseo ninguna.
Las muchachas tiernas sienten pena y lloran en su primera noche de amor. La pena acompaña los temblores de la vida. Y yo ya no siento pena…
El desierto soy yo. Ya no salivo, pero tampoco soy capaz de componer imágenes a las que implorar. En mí el sol ha secado la fuente de las lágrimas.