Tierra de hombres
Tierra de hombres Pero ¿qué he sentido? Un soplo de esperanza ha pasado sobre mà como una ráfaga de viento en el mar. ¿Qué señal, antes de llegar a la conciencia, ha puesto mi instinto en estado de alerta? No ha cambiado nada y, sin embargo, todo ha cambiado. El mantel de arena, los montÃculos, las débiles placas de vegetación ya no componen un paisaje sino una escena. Una escena vacÃa todavÃa, pero puesta punto. Miro a Prévot. Está tan asombrado como yo, pero tampoco comprende lo que siente.
Os juro que algo ocurrirá…
Os juro que el desierto se ha animado. Os juro que, de repente, esta ausencia, este silencio, son más emocionantes que un tumulto en una plaza pública…
¡Estamos salvados! ¡Hay huellas en la arena…!
¡Ah! HabÃamos perdido la pista de la especie humana, nos habÃamos alejado de la tribu, nos encontrábamos solos en el mundo, olvidados por una migración universal y, he aquà que descubrimos, impresos en la arena, unos milagrosos pies de hombre.
—Prévot, dos hombres se han separado aquÃ.
—Aquà se ha arrodillado un camello…
—AquÃ…
Y, sin embargo, todavÃa no estamos salvados. No basta con esperar. En pocas horas ya no nos podrán socorrer. La progresión de la sed, una vez se ha iniciado la tos, es demasiado rápida. Y además, está la garganta…