Tierra de hombres
Tierra de hombres Pero los vagones de tercera abrigaban a cientos de obreros polacos que, expulsados de Francia, volvían a su tierra. Caminé por los pasillos, saltando por encima de los cuerpos. Me detuve para mirar. En pie bajo las lamparillas puede contemplar en aquel vagón sin compartimentos, semejante a un dormitorio de tropa, que olía a cuartel o a comisaría, a toda una población confusa y sacudida por los movimientos menos del rápido, a todo un pueblo que, hundido en pesadillas, retornaba a su miseria. Gruesas cabezas rapadas resbalaban sobre la madera de las banquetas. Hombres, mujeres, niños, todos giraban de derecha a izquierda como si, abandonados, se vieran atacados por aquellos ruidos, amenazados por las sacudidas. No disfrutaban de la hospitalidad de un buen sueño.