Novelas a Marcia Leonarda
Novelas a Marcia Leonarda Atenta estuvo Lisena y sin responder a Otavio, porque conoció que era verdad lo que le decÃa, y jamás habÃa oÃdo cosa en contrario; pero más lo estuvo Diana que, oyendo tantas alabanzas de Celio, sintió una alteración súbita, que blandamente le desmayaba el corazón y le esforzaba la voluntad; querÃa defender a su hermano y decir algo de lo que habÃa oÃdo de Celio, y por no dar conocimiento de lo que ya le parecÃa que requerÃa secreto, recogió al corazón las palabras, al alma los deseos y dijo con las colores del rostro lo que calló la lengua.
Pasados algunos dÃas, cierta señora de tÃtulo, prima suya, y algunas hermosas damas, sus amigas, se fueron a holgar y entretener, más que a visita de cumplimiento, en casa de Lisena, dándoles ocasión la paga y fianza que Diana habÃa hecho a su hermano, que la vÃspera de la fiesta de su dÃa le habÃan colgado, uso notable de España, y de tiempos inmemoriales usado en ella.