Novelas a Marcia Leonarda
Novelas a Marcia Leonarda Lisardo, pues, contemplaba en Laura, y ella se alargó tanto, corriendo por varias sendas, que cerca de donde él estaba la paró un arroyo que, como dicen los romances, murmuraba o se reía, mayormente aquel principio:
Riéndose
sus guijas parecen dientes,
porque vio los pies descalzos
a la primavera alegre.
Y no he dicho esto a vuestra merced sin causa, porque él debió de reírse de ver los de Laura, hermosa primavera entonces que, convidada del cristal del agua y del bullicio de la arena, que hacía algunas pequeñas islas, pensando detenerla, competían entrambos. Se descalzó y los bañó un rato, pareciendo en el arroyo ramo de azucenas en vidrio. Fuese Laura, que verdaderamente parece palabra significativa, como cuando decimos «Aquí fue Troya». Sus padres la recibieron con cuidado, que ya les parecía larga su ausencia; así era grande el amor que la tenían y le sintió el Trágico:
¡Con cuán estrecho lazo
de sangre asido tienes,
naturaleza poderosa, a un padre!
Hiciéronla mil regalos, aunque riña Cremes a Menedemo, que no quería en Terencio que se mostrase amor a los hijos.