Novelas a Marcia Leonarda
Novelas a Marcia Leonarda Llegó la noche en que habían de partirse, y Celio se vistió aquel día muy galán, de negro, para mayor seguridad de Otavio; pero, como si le hubieran dicho su intento, no se apartó de él un punto, aunque le dijo dos o tres veces que tenía que hacer cosas forzosas. Ya eran las nueve, y Otavio no se apartaba del lado de Celio, y queriendo por fuerza irse, con notable y extraordinaria importunación, le llevó consigo. Entraron en una casa de juego, de estas donde acude la ociosa juventud: unos juegan, otros murmuran y otros se olvidan de los cuidados de sus casas que, con la seguridad de que no han de venir, no suelen estar solas. Celio, cercado de un temor triste (porque si le dejaba había de enviar algún paje para saber dónde iba, y si le esperaba había de perder la ocasión de sacar a Diana), resolviose a la paciencia y disposición de la fortuna, pareciéndole también que sería bastante disculpa para Diana el no haberse podido apartar de Otavio.