Novelas a Marcia Leonarda

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La madre y el hermano entraron a estas voces, y conociendo que faltaba Diana de su casa y de su honra, Lisena cayó en tierra y Otavio sin color, con turbadas razones, examinaba a los criados, mirando a todas partes como loco. Florinda sólo dijo que tres o cuatro días la había visto llorar tan tiernamente que, aunque estaba tratando de otras cosas, se le caían de los ojos las lágrimas con entrañables suspiros y congojas.

Ya estaba declarado el día y el daño, cuando enviaron a dos monasterios donde tenía Diana dos religiosas tías; en todos respondieron que no sabían de ella, y asimismo todas las parientas y amigas, de quien en un instante toda la casa estaba llena. De este rumor, de estas voces y de estas diligencias salió la fama por la ciudad, y los envidiosos amigos, si hay amigos envidiosos, comenzaron a decir que Celio se la había llevado, y aún otros a afirmar que la habían visto.

Feniso, criado de Celio, oyó esto en los corrillos del Ayuntamiento y en la nave que llaman de San Cristóbal y, siendo hombre de buena opinión, osó decir que mentía cualquiera que hubiese dicho que Celio había hecho semejante traición a Otavio; y volviendo las espaldas a los murmuradores, iba diciendo: «A las tres de la noche se apartaron Celio y Otavio; y yo dejo a Celio durmiendo, que vendrá presto a volver por su honra.»


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