Novelas a Marcia Leonarda
Novelas a Marcia Leonarda Despertó Feniso a Celio, que oyendo lo que pasaba, quedó fuera de sà por largo espacio y, conociendo cuánto le convenÃa volver por su persona, se vistió aprisa y con turbados pasos y descolorido rostro pasó por todas las partes donde Feniso le dijo que le culpaban, de cuya vista quedaron los que le murmuraban corridos, atribuyendo su tristeza a la amistad que tenÃa con Otavio, tan conocida de todos.
Hallole Celio en el portal de su casa, y mirándose los dos estuvieron asà parados sin hablarse, sintiendo cada uno su dolor, que aunque era grande en Otavio, era mayor en Celio. Esforzose cuanto pudo y, tomándole las manos a Otavio, que le temblaban, convertidas en hielo, le dijo:
–¿Qué me pudiera haber sucedido que me diera tanta pena, aunque hubiera perdido la honra? ¡Ay, Otavio, que vuestro dolor me tiene traspasada el alma!