Novelas a Marcia Leonarda
Novelas a Marcia Leonarda Por no impedir el curso de este amor hemos llegado aquí sin tomar en la boca a Alejandro, caballero insigne de esta ciudad que voy encubriendo, y notablemente rendido a la hermosura de esta dama. Parecíale al referido que, pues Silvia no le amaba, no habría en el mundo quien la mereciese; con que llegó el descuido a no reparar en Felisardo hasta que le halló más veces que él quisiera asida la mano a una reja baja de su casa, y le pareció que en la nueva manera de conversación le favorecía. No le agradó asimismo a Felisardo el cuidado de Alejandro, porque no le faltaban a este caballero méritos, si bien blancos y rubios, que por ser comunes en aquella tierra no eran tan vistos. Con esto dieron entrambos en no dejar las noches desierta la campaña, guardando cada uno su puesto y enviando centinelas perdidas. Sintió Alejandro que estaba en mejor lugar Felisardo, y dándole a los celos, como el verdadero amor nunca tuvo término en el amar, que así lo sintió Propercio, llegó a ser descompostura en su autoridad y modestia; y más declarado que solía, habiendo conducido una noche con varios instrumentos excelentes músicos, quiso que a sus mismas rejas dos voces de las mejores la cantasen así:
Deseos de un imposible
me han traído a tiempos tales,
que no teniendo remedio
solicitan remediarme.
Dando voy pasos perdidos