Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Al parecer, los españoles no pudieron discernir si la llegada de esa cantidad de hombres era consecuencia de la huida de aquellos tres o si estos acudían ignorantes y por accidente, en sus habituales quehaceres sangrientos. Fuera cual fuese la causa, tendrían que haberse asegurado de esconderse bien y no verlos; mucho menos aún permitir que los salvajes los viesen y supieran así que la isla tenía habitantes; en caso contrario, caerles encima con tal eficacia que ni uno solo pudiera escapar, algo que sólo podían conseguir si se colocaban entre ellos y sus botes; mas les faltó esa presencia de ánimo y eso arruinó su tranquilidad durante un buen tiempo.
Ni que decir tiene que el gobernador y el hombre que lo acompañaba, sorprendidos ante aquella visión, regresaron corriendo de inmediato y despertaron a sus compañeros para explicarles el peligro inminente que corrían todos; enseguida se generalizó la alerta, mas fue imposible convencerlos de que se quedaran juntos donde estaban; tuvieron que salir todos corriendo a ver qué pasaba.