Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Salió tal como esperaban: tres miembros del grupo en desbandada huyeron para salvar la vida y, tras cruzar el riachuelo, llegaron corriendo directamente al lugar, sin tener ni la menor idea de dónde estaban, pero buscando refugio como si se adentraran en un denso bosque. El vigía que habían dejado apostado advirtió de su llegada, con el añadido, para gran satisfacción de nuestros hombres, de que los vencedores no les habían perseguido, o en todo caso no habían visto hacia dónde se dirigían. Entonces, el gobernador español, hombre de gran humanidad, se negó a que mataran a los tres fugitivos: envió a tres hombres a lo alto de la colina y les mandó dar la vuelta para llegar por detrás de los que huían, tomarlos por sorpresa y hacerlos prisioneros. Así se hizo: el resto de los vencidos corrieron hacia sus canoas y se largaron al mar; los vencedores se retiraron y no organizaron ninguna persecución, o bien poca en todo caso. Al contrario, se juntaron todos en un solo grupo, soltaron dos grandes gritos, cabe suponer que en celebración de su triunfo, y así terminó la batalla: aquel mismo día, hacia las tres de la tarde, se fueron también a las canoas. Y así recuperaron los españoles la isla, pasado el miedo, y estuvieron años sin volver a ver a ningún salvaje.