Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Mientras así estaban, ellos esperando y los salvajes acercándose, vieron con toda claridad que uno de los tres era el que se les había escapado; los dos lo reconocieron claramente y decidieron que, en la medida de lo posible, debían impedir que se librara, aunque para ello hubieran de disparar ambos. Así que el segundo se quedó listo con el arma para, si no caía al primer tiro, asegurarse de dispararle un segundo. Sin embargo, el primero era demasiado buen tirador para que le fallara la puntería: como los salvajes iban muy juntos, casi formando una fila, al disparar acertó de lleno a dos. El de delante murió al instante porque recibió el tiro en la frente; al segundo, que era el indio escapado, el tiro le atravesó el cuerpo y lo hizo caer, mas no muerto del todo; y el tercero recibió un rasguño en el hombro, tal vez de la misma bala que había atravesado el cuerpo del anterior; muerto de miedo, aunque no malherido, se sentó en el suelo y se puso a gritar y berrear de un modo espantoso.